Un roadmap de IA en 90 días, semana por semana
Cómo pasar de la intención a un primer caso en producción en tres meses, con las decisiones que hay que tomar en cada etapa y los hitos que marcan el avance.
La distancia entre decidir que hay que hacer algo con inteligencia artificial y tener algo funcionando suele llenarse con reuniones. Este es un plan de tres meses que termina en un caso real en producción, no en un documento.
Semanas 1 y 2: elegir y medir
Lo que se hace: listar los procesos candidatos, evaluarlos con criterios de impacto y viabilidad, y elegir uno. Después, medir cómo funciona hoy: volumen, tiempo por caso, tasa de error, costo.
La decisión: cuál es el caso y cuál es el número que tiene que mover.
El entregable: media página con el caso elegido, la línea de base medida y el criterio de éxito expresado como número.
Este es el paso que más se saltea y el que determina si el resto se puede evaluar.
Semanas 3 y 4: validar viabilidad
Lo que se hace: confirmar que los datos existen, que se puede acceder a ellos y que la calidad alcanza. Probar la solución candidata sobre una muestra de veinte a cincuenta casos reales.
La decisión: si el caso es viable técnicamente o hay que ajustar el alcance.
El entregable: resultados de la muestra, con el porcentaje de casos resueltos correctamente y el detalle de los errores.
Si acá los números son malos, es el momento más barato para cambiar de caso.
Semanas 5 a 8: construir el piloto
Lo que se hace: implementar la versión funcional sobre casos reales, con el equipo que después la va a usar. Trabajar en modo paralelo: el sistema procesa, pero las decisiones siguen siendo humanas.
La decisión: qué queda dentro del alcance y qué se posterga. Siempre aparecen pedidos adicionales; la disciplina de dejarlos para después es lo que permite llegar.
El entregable: sistema funcionando sobre el flujo real, con medición diaria.
Semanas 9 y 10: medir y ajustar
Lo que se hace: comparar contra la línea de base, revisar los casos donde falló, ajustar. Identificar las excepciones y definir el circuito para manejarlas.
La decisión: escalar, ajustar o descartar, contra el criterio escrito en la semana 2.
El entregable: informe de resultados con la comparación numérica y la recomendación.
Semanas 11 y 12: producción
Lo que se hace: integrar donde haga falta, definir permisos, configurar monitoreo, capacitar al equipo, documentar el proceso y el circuito de excepciones.
La decisión: quién es el dueño del sistema en la operación y quién revisa los indicadores.
El entregable: el proceso funcionando todos los días, con alguien a cargo.
Lo que hay que resistir durante los 90 días
Ampliar el alcance. Cada agregado parece pequeño y suma dos semanas. La respuesta correcta a casi todo pedido nuevo es "en la segunda versión".
Esperar a que los datos estén perfectos. Si el caso elegido requiere datos impecables, se eligió mal el caso.
Armar un comité. En esta etapa, tres personas con responsabilidad clara avanzan más rápido que un comité de ocho.
Comprar una plataforma integral. Antes de saber qué se necesita, cualquier compra grande es una apuesta.
Lo que queda después del día 90
Más importante que el sistema en sí: la organización tiene una línea de base medida, un método para evaluar casos, un criterio de decisión y evidencia real sobre qué funciona en su contexto.
El segundo caso va a tardar la mitad. El tercero, menos. Esa curva es el verdadero resultado del primer trimestre.
Preguntas frecuentes
¿Es realista tener un caso en producción en 90 días?
Sí, para un caso acotado con datos accesibles y sin integraciones complejas. Los proyectos que requieren unificar varios sistemas o preparar datos históricos necesitan más tiempo, y conviene decirlo desde el inicio.
¿Qué equipo hace falta para estos primeros 90 días?
Un responsable del proceso en el área involucrada, alguien de sistemas para los accesos, y un perfil técnico que implemente. Dedicación parcial, pero constante: el proyecto no sobrevive a interrupciones de tres semanas.
¿Qué pasa si el piloto no cumple el objetivo?
Es un resultado válido y barato. Se documenta qué se aprendió, se ajusta el alcance o se cambia de caso. Noventa días invertidos evitan un programa de dos años sobre una premisa equivocada.
